

El museo de arte contemporáneo Guggenhein es hoy, casi con total seguridad, la principal referencia turística de la ciudad de Bilbao. Diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gerhy, este singular edificio forma parte de uno de los proyectos más ambiciosos e imaginativos que ha desarrollado una ciudad europea en los últimos treinta años.
La necesidad de cambiar su tradicional actividad económica, vinculada a los altos hornos y la construcción de barcos, a comienzos de los años ochenta, propició que un torbellino de ideas inundara la ciudad apostando por nuevas actividades comerciales y económicas que permitieran su sostenimiento y desarrollo. Siguiendo el ejemplo de otras urbes que habían superado situaciones parecidas, se apostó fundamentalmente por el turismo. Pensaban que éste sería capaz de paliar la pérdida de miles de puestos de trabajo en un sector que ya no podía competir, ni en precios ni en calidad, con otros países, especialmente japoneses y coreanos.
Para ello se buscó una imagen icónica, algo que fuera tan imaginativo y contara con tanta fuerza visual, que fuera capaz, por si misma, de cumplir el ambicioso proyecto inicial. Y la encontraron. En la historia de Bilbao hay un antes y un después, y el punto de inflexión en esa historia es el Museo Guggenheim.
La fotografía está tomada al atardecer, cuando la plaza de entrada al museo se convierte en un hervidero de gente que acude a relajarse y divertirse. Que “Pipi Calzaslargas” apareciera en patinete fue una casualidad y una suerte.