

La singularidad de Taquile.
Si hiciéramos una lista con los Lugares Singulares del Mundo, la isla de Taquile estaría en ella en los primeros puestos y por indudables méritos propios. Veamos unos cuantos: su altitud a más de 3.800 metros sobre el nivel del mar, hecho que te obliga a moverte a cámara lenta si no quieres que el “soroche” o mal de altura te atrape dejándote sin aliento, su situación en medio del lago Titicaca a 35 kilómetros de Puno, ubicación que hace inevitable el uso del barco para llegar a ella, y la dificultad de su acceso desde el puerto hasta el pueblo, una senda que no llega a ser camino y en la que hay que subir 533 escalones de diferentes alturas. Pero la visita merece la pena. Llegas a un lugar en el que no hay carreteras, ni electricidad, ningún vehículo de motor circula por la isla, -por no tener no tiene ni siquiera bicicletas-, carece de hoteles o pensiones, sólo algún restaurante diminuto… Es como una vuelta al pasado que se confirma cuando observas el comportamiento de los isleños. Todos vestidos con la ropa tradicional que les fue impuesta por los españoles hace siglos; los hombres casados con gorro de color rojo y los solteros con gorro de dos colores, rojo y blanco, ¡para que no haya posibilidad de error! Las mujeres con la típica mantilla española de color negro que les cubre la cabeza protegiéndolas del sol y unas faldas, bordadas primorosamente, cuyos dibujos recogen las vicisitudes por las que ha pasado la pareja durante su vida matrimonial.
Y lo más sorprendente de todo, el silencio más absoluto que te rodea en cualquier lugar de la isla, incluso en la plaza mayor que es habitualmente el punto de mayor concentración de habitantes. Pareciera que los lugareños se hubieran impregnado de esta situación y temieran contaminar con sus conversaciones la calma espesa y eterna que flota en la isla. No he estado en ningún otro lugar del mundo donde el SILENCIO estuviera tan presente.
Muchacha con la tradicional mantilla negra