

Ubicada sobre la ladera de un volcán que entró en erupción hace 3.500 años, la ciudad de Fira en la isla griega de Santorini, es un ejemplo de la voluntad del hombre de no dejarse doblegar por las fuerzas de la naturaleza. Sus habitantes, tozudos como pocos, decidieron seguir viviendo en el mismo lugar donde se produjo el terremoto y, no contentos con el reto, crearon además uno de los lugares más hermosos del planeta.
La foto está tomada a primera hora de la mañana, justo a la salida del sol.